Sanando heridas

perdon

¿Cuantas veces no buscamos que alguien nos ofrezca su perdón por alguna situación vivida?

Esperamos y esperamos y quizás no pase nada. Y en ocasiones la persona ni supo de lo acontecido ni del rencor acumulado en nosotros por determinado evento.

Y al paso del tiempo (pueden ser años) nos damos cuenta de que los únicos que sufrimos somos nosotros pues el otro ha seguido su vida como si nada malo hubiera pasado.

Y entonces…¿qué hacer? ¿qué sentir? ¿Le sigo guardando resentimiento o qué hago?

Ciertamente en el caminar de la vida nos pasan muchas cosas. Entre ellas puede haber malentendidos con las personas que tenemos alrededor y más aun con personas cercanas, amigos o familiares.

Y bueno, regresando a nuestra pregunta anterior, ¿qué hay por hacer?

Soltar…simplemente soltar y dejar ir esa ira o molestia que sentimos hacia el otro. Es posible que solo veamos nuestro lado del mapa pero si pudiéramos ver un poquito del lado de la otra perspectiva del mapa y ver lo que el otro vive o ha pasado quizás soltaríamos de forma más fácil y nos sentiríamos con paz y libres de cualquier sentimiento negativo.

La pareja ideal

Nasrudin conversaba con un amigo.

 – Entonces, ¿nunca pensaste en casarte?

 – Sí, pensé –respondió Nasrudin. – En mi juventud resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco y conocí a una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.

 Continué viajando y fui a Isfahan; allí encontré a una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita. Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa y conocedora de la realidad material.

 – ¿Y por qué no te casaste con ella?
– ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

De Paulo Coelho