ansiedad

perdon

¿Cuantas veces no buscamos que alguien nos ofrezca su perdón por alguna situación vivida?

Esperamos y esperamos y quizás no pase nada. Y en ocasiones la persona ni supo de lo acontecido ni del rencor acumulado en nosotros por determinado evento.

Y al paso del tiempo (pueden ser años) nos damos cuenta de que los únicos que sufrimos somos nosotros pues el otro ha seguido su vida como si nada malo hubiera pasado.

Y entonces…¿qué hacer? ¿qué sentir? ¿Le sigo guardando resentimiento o qué hago?

Ciertamente en el caminar de la vida nos pasan muchas cosas. Entre ellas puede haber malentendidos con las personas que tenemos alrededor y más aun con personas cercanas, amigos o familiares.

Y bueno, regresando a nuestra pregunta anterior, ¿qué hay por hacer?

Soltar…simplemente soltar y dejar ir esa ira o molestia que sentimos hacia el otro. Es posible que solo veamos nuestro lado del mapa pero si pudiéramos ver un poquito del lado de la otra perspectiva del mapa y ver lo que el otro vive o ha pasado quizás soltaríamos de forma más fácil y nos sentiríamos con paz y libres de cualquier sentimiento negativo.

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Nacisteis juntos, y juntos habréis de estar para siempre.

Juntos os encontrareis cuando las alas blancas de la muerte hagan huir vuestros días.

Ay! juntos también estaréis hasta en el recuerdo silencioso de Dios.

Pero dejad que haya espacios en esa unión vuestra.

Y dejad que los vientos de los cielos dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis que el amor sea una ligadura:

dejad más bien que sea cual un mar que se mueve entre las orillas de vuestras almas.

Llenaos mutuamente la copa, pero no bebáis solamente de una.

Compartid vuestros panes, pero sin comer de la misma rebanada.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero dejad que cada uno se sienta aparte,

así como las cuerdas de un laúd se hallan separadas aunque vibren con la misma música.

Entregaos el corazón, pero sin que por ellos dejéis de vigilarlo

pues sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.

Y estad unidos, aunque no demasiado juntos:

porque las columnas del templo se halla separadas,

y el roble y el ciprés no crecen uno bajo la sombra del otro.

de Kahlil Gibran, en su libro «El Profeta»

 

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Nasrudin conversaba con un amigo.

 – Entonces, ¿nunca pensaste en casarte?

 – Sí, pensé –respondió Nasrudin. – En mi juventud resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco y conocí a una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.

 Continué viajando y fui a Isfahan; allí encontré a una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita. Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa y conocedora de la realidad material.

 – ¿Y por qué no te casaste con ella?
– ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

De Paulo Coelho

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