amor

perdon

¿Cuantas veces no buscamos que alguien nos ofrezca su perdón por alguna situación vivida?

Esperamos y esperamos y quizás no pase nada. Y en ocasiones la persona ni supo de lo acontecido ni del rencor acumulado en nosotros por determinado evento.

Y al paso del tiempo (pueden ser años) nos damos cuenta de que los únicos que sufrimos somos nosotros pues el otro ha seguido su vida como si nada malo hubiera pasado.

Y entonces…¿qué hacer? ¿qué sentir? ¿Le sigo guardando resentimiento o qué hago?

Ciertamente en el caminar de la vida nos pasan muchas cosas. Entre ellas puede haber malentendidos con las personas que tenemos alrededor y más aun con personas cercanas, amigos o familiares.

Y bueno, regresando a nuestra pregunta anterior, ¿qué hay por hacer?

Soltar…simplemente soltar y dejar ir esa ira o molestia que sentimos hacia el otro. Es posible que solo veamos nuestro lado del mapa pero si pudiéramos ver un poquito del lado de la otra perspectiva del mapa y ver lo que el otro vive o ha pasado quizás soltaríamos de forma más fácil y nos sentiríamos con paz y libres de cualquier sentimiento negativo.

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Las relaciones humanas suponen reciprocidad: DAR Y RECIBIR. A algunas personas les resulta fácil dar, a otras; recibir. Hay personas a las que les cuesta dar, mientras que a otras les cuesta recibir. También se dá el caso de quien nunca deja de pedir. Todo lo que demos o hagamos por él, nunca le parecerá suficiente. Puede que ello se deba a un sentimiento suyo de incompetencia o de haber tenido un destino injusto en la vida.

daryrecibirTambién nos encontramos con el que da con la mano cerrada, como si le doliera hacerlo. En la relación amorosa con esa persona, no obtenemos una satisfacción verdadera, ya que sentimos que tiene mas para ofrecernos, pero que se lo guarda. Tal vez lo hace por timidez y vulnerabilidad o por miedo a que rechacen su amor al haber sido ya herida en el pasado o por no saber de que forma dar.

Finalmente, también es posible que conozcamos a alguien a quien le cueste mucho recibir. Le hacemos un regalo y obtenemos un “GRACIAS” mecánico. Es posible que ni siquiera lo abra y, con toda seguridad, no lo usara ni lo exhibirá. Estos son ejemplos de desequilibrios exagerados en las relaciones. Pero, al igual que casi todos nuestros actos, la forma equilibrada y «sana de dar y recibir también puede aprenderse» .

Dar es un acto de generosidad, damos amor de muchas y diversas maneras, expresándolo con frecuencia de forma material o con detalles. En nuestra relación con los demás, debemos saber como, cuando y que dar.

A menudo tenemos inclinación a dar lo que nosotros mismos querríamos recibir. Pero esta actitud es egocéntrica, pues ignora el verdadero sentido de la generosidad, que consiste en dar lo que los otros necesitan o quieren.

Para recibir, tenemos que estar abiertos, atentos, ser apreciativos. Por el bien de nuestra salud psicológica así como por la mejora de nuestras relaciones, debemos aprender a alcanzar un buen equilibrio entre los actos de dar y recibir. Cuando logramos el equilibrio en nuestras relaciones, alcanzamos en realidad nuestro equilibrio personal: alimentamos las virtudes de la empatía, la generosidad, la compasión y la humildad, y aprendemos a amar a los demás y a la vida misma.

A continuación agrego un video demostrativo y agradable, pero además un reflejo de las diferencias de género y entre el dar y recibir.

Espero haya sido de su agrado y utilidad este texto. Cualquier comentario, háganmelo saber!

(Un corte  de la charla matrimonial de Mark Gungor acerca de la diferencia entre los cerebros de hombres y mujeres)

Primera Parte

 

Segunda parte

 

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Nacisteis juntos, y juntos habréis de estar para siempre.

Juntos os encontrareis cuando las alas blancas de la muerte hagan huir vuestros días.

Ay! juntos también estaréis hasta en el recuerdo silencioso de Dios.

Pero dejad que haya espacios en esa unión vuestra.

Y dejad que los vientos de los cielos dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis que el amor sea una ligadura:

dejad más bien que sea cual un mar que se mueve entre las orillas de vuestras almas.

Llenaos mutuamente la copa, pero no bebáis solamente de una.

Compartid vuestros panes, pero sin comer de la misma rebanada.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero dejad que cada uno se sienta aparte,

así como las cuerdas de un laúd se hallan separadas aunque vibren con la misma música.

Entregaos el corazón, pero sin que por ellos dejéis de vigilarlo

pues sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.

Y estad unidos, aunque no demasiado juntos:

porque las columnas del templo se halla separadas,

y el roble y el ciprés no crecen uno bajo la sombra del otro.

de Kahlil Gibran, en su libro «El Profeta»

 

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dar

Estamos ahora en febrero y viene la celebración del amor y la amistad, la cual es movida por muchas personas a comprar a salir a festejar, etc… Y honestamente no esta mal. Pero sí considero sin ser grinch, que el amor no lo dices con una flor, serenata o cena ese día. El AMOR LO HACES CON ACTOS DE AMOR DIA A DIA. Es decir, ver el mejor bien para el otro.

¿Y cuál es su mejor bien? Abrirle, en la medida que esté en tus posibilidades, caminos hacia contribuir con su salud física, emocional y espiritual.

¡Eso si es amor! Y lo dices con llamadas, con ayuda, con atenciones, frecuentando y alimentando la relación de pareja y de amistad.

Y si me gustan las flores, las serenatas, los mensajitos debo aclarar!

A lo que voy con todo esto es: propiciemos dar a los nuestros y a los que no son tan nuestros un poco de  amor, de tiempo, de cariño, de caricias, de aceptación.  Creo eso es lo más importante y no solo un día sino muchos muchos mas al año.   Ya si aún cuentas con los medios para una cena especial o regalitos, que bien.

Bueno espero se sientan amados no solo este 14 de febrero sino todos los días y que este pequeño escrito aunque sea les haya dejado algo o gustado.

Saludos

Rosy

 

 

 

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Nasrudin conversaba con un amigo.

 – Entonces, ¿nunca pensaste en casarte?

 – Sí, pensé –respondió Nasrudin. – En mi juventud resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco y conocí a una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.

 Continué viajando y fui a Isfahan; allí encontré a una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita. Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa y conocedora de la realidad material.

 – ¿Y por qué no te casaste con ella?
– ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

De Paulo Coelho

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